lunes, 21 de mayo de 2018

Relato: Viaje hacia el "Quiero"

¡HOLA, Mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!




Juana, es aquella que por todo calla, que por todo llora, la que por todo se enerva y la que todo lo grita. Bajo un caparazón de dura y enfadona, se esconde un buen corazón esperando a ser escuchado pero nadie, absolutamente nadie, sabe qué es lo que esconde realmente. 

"Seguro que todo es por culpa de lo que le dije. nadie sabe mejor que yo que Borja es y será siempre la unica persona que me ha querido por mi dinero. nadie me ha querido nunca, nadie debe querer saber nada de mi, soy lo peor. Soy el error que nadie quiere cometer" Se dice Juana una y repetidas veces al recordar los sucesos transcurridos a lo largo del día. 

Nada parece haber cambiado en su vida. Ella, que siempre escucha las mismas canciones, que siempre recuerda todo lo pasado reiteradas veces, ella, que nunca intenta cambiar nada para no alterar el orden que ella misma ha creado, es ahora prisionera de una cárcel de la que no sabe salir. 

Todo se sucede cómo todas las mañanas. Limpiar la casa, acudir al trabajo lo antes posible, ocuparse de hacer la compra, volver de nuevo al trabajo y llegar a casa molida tras un largo día. 
Faltan unas horas antes de que llegue Borja a casa pero nada altera su resposabilidad en la casa antes de hacer la cena. Debe dejarlo todo listo para el día siguiente. Borja, abre la puerta, pega un portazo y sube arrastrando los pies. Golpea los escalones y resopla al llegar al último escalón seguido de un Hola, ¿Cómo estás?  su mirada es la misma que la de un corderillo cuando le miras a los ojos. Sólo que Juana sabe que eso solo puede significar una cosa. Que ha tenido un mal día en el trabajo. 

Ella sabiendo el mal día de este, decide contarle brevemente su día y seguir con la idea de hacer algo para cenar pero este le sigue a la cocina cómo todas las noches y cocinan juntos mientras mantienen la conversación unos metros más abajo. 

Ella no osa decir nada. Está cansada, le duele la espalda pero considera que el trabajo de él, su chico, es más duro. No es el momento, quizás otro día. 

Los meses se deshojan con la boca cerrada, la vista en su trabajo, la mente en tonterías, feliz , o eso parece. Hoy le han recriminado que ha engordado. Se pesa en la bascula, y lo ve claro. Tiene que adelgazar. Es pues el momento de hacer algo, pero ¿El que? solo puede sentir lastima de ella misma. Lo meses ahora son lentos, desasosegados, con carga, el pesar de no saber qué hacer con esos kilos la hunde en un sentimiento de impotencia y a la vez comodidad en la que se ha sumido y consumido, gran parte de los años. Tenía que contarselo a Borja. 

Abre la puerta y sube las escaleras. Hace lo de siempre y ella rompe a llorar, se queja, y el siente desazón pero por otro lado , siente impotencia por no saber cómo ayudarla en su preocupación. Tanto es así que la escena se repite una y otra vez a lo largo de los siguientes años. 

Sube las escaleras. Su habitual llegada y la cabizbaja Juana, se irrita de tal manera que este evita la conversación. Ella, suspira, pega un soplido y se encierra en la habitación. Él la sigue y él, se arma de valor para decirle las cosas claras:

Lo que necesitas no es adelgazar. ¿Qué quieres? Si lo que quieres es adelgazar. ¡Hazlo! -Pero es que no sé si lo conseguiré - A ti lo que te ocurre es que tienes miedo y yo te quiero así tal cual estás. Si lo que quieres es estar delgada, no te quedes quieta ahí como un pasmarote. ¡Haz algo joder!

Con los ojos empapados de lágrimas, Borja la abrazó y le aseguró que en todo lo que hiciera, la apoyaría. Borja pensó que quizás, había sido muy duro con ella pero confiaba plenamente en ella. 

No cabía duda de que Juana estuvo en ello: Comenzó a comer mejor y saludablemente, cominaba unos metros y pronto una hora. Con mucho esfuerzo, consiguió perder algunos kilos pero parecía que aquello iba muy lento. Sin embargo, se sentía dichosa de que por fin hubiera tenido la iniciativa de querer conseguir algo. 

Comenzó a recordar que había conseguido perder algunos kilos y el sufrimiento le había llevado al gozo. Detrás de un esfuerzo, había un logro. Ello la llevo a querer cultivar su mente, pronto decidió informarse de temas para poder hablar con su chico, y no solo hablaban sino que además el hogar era una manera de invitarse y acogerse. 

La lucha de Juana pronto se vió mermada por la dejadez. Volvió a los kilos de más, el cambio de humor y los sin sabores. ¿Si lo había conseguido porqué ahora no?
Una especie de miedo le recorria todo el cuerpo sientiendo que , tal vez, esta vez, no lo conseguiría. 

Quizás, no se trate de intentar querer tener un cuerpo del de una chica de veinte años. Quizás, ya estoy bien así. - Se recorrió con la mirada en el espejo y observó la menudez de sus hombros en comparación hacia unos años. Las piernas más delgadas. Definitivamente, había podido lograrlo una vez. Su mente seguía repondiendo el qüestionario mental mientras sonreía a aquellas partes de su cuerpo que antes, no le gustaban. 

El sol brillaba, el cielo era azul, pero pronto se oscureció debido a la lluvia que , apesar de haber habido advertencias en todos los medios, de su llegada, ella hizo caso omiso. Empapada bajo la marquesina, harta de las miradas que había tenido que soportar durante tantos meses, pensó que su lucha, no era cuestión de verse bien. Tenía que haber algo más. ¿Qué era? se sentía ella contra el mundo. 

Un chico se hallaba a lo lejos bajo un paraguas de colores. Era cómo ver un arcoiris. Fue lo unico que observó debido a lo absorta de sus pensamientos. La chica, harta de esperar, harta de la caminata y muerta de sed, preguntó cada cuanto pasaban los autobuses. Si tardaban más, era capaz de beberse hasta la lluvia incluso. Estaba sedienta. Demasiado. Encima, había olvidado la botellita de agua que tenía para las salidas de estos casos. 

El chico la sonrió, y muy amablemente le informó de los trayectos y los autobuses que circulaban. Él le mostró una sonrisa amplia y ella se sintió extrañamente cómoda. Cómo para explicar su situación. Por raro que pareciera se embarcaron en una conversación entre bromas y sarcasmo que les llevó a una charla de lo más amena. Al parecer, él también luchaba contra los dichosos kilos y ella, se sintió comprendida. Comprendió que no estaba sola, que habían otras almas guerreras en el mundo y que las miradas... son solo miradas. ¿pero lograria recordar aquello cuando se despidieran?

durante el trayecto en bus, su memoria solo podía admirar el paisaje de la ciudad. Veía las flores que habían adecuado para su buena presencia, el ajetreo de la gente subiendo y bajando del vehiculo... se sentía bien. No era consciente de nada mas. La belleza de aquella ciudad que tanto le había aportado eran su mirar. El trayecto finalizó. 

Juana abrió la puerta, subió las escaleras, depositó el bolso en la silla y se dejó caer en el sofá. El silencio reinaba en el salón. Se encendió un cigarillo. Silencio... 

Rapidamente acudió al espejo y observó su reflejo. Pensó en su lucha. 

Quizás, si lo he podido hacer una vez, puedo hacerlo.... Volteó, se miró y turisteó por todo su cuerpo hasta volver de nuevo a su rostro. Definitivamente... 

Puedo y quiero




©️El Rincón de Keren


jueves, 17 de mayo de 2018

Poema: Sabedores.

¡Hola, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Imagen propia
Almería, Residencia ancianos vecinal (Andalucía)

SABEDORES

Que quiere que olvide los jirones de un pasado, 
De las asperezas, siempre listas a apuñalar
Vespertinos recuerdos, de un ayer
A la memoria tan sabia induce 

Se inyecta lágrimas al corazón, a la felicidad
Conciencia libre 
Certero es el buen hacer, de los años
Más no podrá desencadenarse. 

Albor en una caída
Ya no caen las hojas, para recordar la huida lugubre invernal

Cobijo invernal...

Quiere sobreponerse, más las lenguas afiladas reiteran dolor

Recuerdos insistentes
Reincidirá e indagará
puñales al ruedo, o al corazón 

Debe ser que no se irán
Debe ser que nunca sanarán 

Sol irisdiscendente 
Mañanas frescas
Olores cuerdos 
Sentimientos sobrecogedores

Hubo tiempos buenos...
De regreso al cosmos...

Volverá a sentir que "Hay sentires"
no mas lenguas puñales
Van al corazón...

Muchedumbre enfurecida
Sabedores de su nueva vida

¿A quién le hablara?
¿A qué se dedicará?

Qué se odian, y se aman 
Qué no se ponen de acuerdo, y se aman concediendose a destiempo

La gente
La gente que te ha visto, y ni tan siquiera conoces 
Qué todos lo saben 
¿El qué?

Todo está mal
Todo enfurece al que oye y observa, el vecinal 

Qué se sabe que se  vive como quiere 
Que eso no vaya a ser 
Qué los puñales son de los que 
Un día fueron admiración,

Nadie conoce realmente
¿Qué clase de decepción haberes?



©️El Rincón de Keren

lunes, 14 de mayo de 2018

Mi causa.

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Fotografía propia
ESTACIÓN DE ALMERÍA (ANDALUCÍA)

Cambié mi ciudad por una más pequeña. Estar cerca del mar, no te asegura vistas usuales de ellas pero la inmensidad se hace posible cuando la visualizas.

¿Ciudad grande o pequeña?
¿Abarrotada o casi vacía?

Quisiera poder decir que el camaleónica gentío ha sido motivo de mi euforia, lo cierto es que, cambié el bullicio por la calma y la aquiescencia. 
Anhelaba la vida bien sentida, los sentimientos que brotan hacia lo profundo. Son bellos, de esos que me embelesara y me hiciera más fuerte. 

Encontrar es fácil, pero ¿Es lo adecuado?

Se coló por mis poros, se posó en mi piel, se introdujo en mis torrentes y nunca más volví a sentir, inestabilidad al acudir a su esencia. 
Era, y es, vigoroso, lleno de clamor al que siempre le encuentro un motivo por el que quedarme embobada, en un estado de enamoramiento que acojo con los brazos abiertos. 

Puedo, sin exigencias, experimentar esa necesidad de querer estar bien, más la armonía es una palabra que se quedaría nimia.

No hablo del gentío, hablo de esa soledad en la que mis pasos son mi acompañante. Me gusta decir que, es el equilibrio que tengo entre el caos y el redescubrirme. He vuelto a mi causa. 

Aprender lo puede hacer cualquiera y quiero incorporarlo a mi vida, experimentar ese estremecer, observar cuidadosamente, enternecer con los sucesos que se acontecen, suspirar y respirar el amor que le tengo a esta ciudad boquiabierta, porque la mayor parte del tiempo sucede icástico, y cuando sucede...

'La vie est belle'

Imagen propia
Almería, Piedra Redonda (Andalucía)

©️El Rincón de Keren

sábado, 12 de mayo de 2018

Relato: Inoportuna noche

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En algún lugar al sur de un país....




¡Al diablo con el no querer forzar el pomo a lo bestia. Esa cosa está aqui dentro conmigo!- Pensó Roberta, que ya había cogido el martillo que había conseguido encontrar en las estanterías de aquel desolado almacén. Almacén, en el cual ahora trabajaba y que no tenía idea de si la iban a despedir o no, pero no quería averiguarlo. Lo que estaba claro, es que no repararía demasiado en el porqué. 

Consiguió romper el pomo causando un gran estruendo. Acto seguido, salió pitando de aquella habitación. El camino la llevó a un largo pasadizo que parecía no acabar nunca. Mientras tanto, esa cosa se acercaba a toda velocidad hacia ella. Podía oirla a lo lejos. Y no solo la oia, sino que además la olía. era un olor nauseabundo, inmundo, se dijo así misma que si lograba olvidar el dolor de cabeza, que le causaba solo de pensar en el pestazo que emanaba aquel ser, sería un milagro. 

Corrió hasta llegar a un gran ventanal que le indicaba, lamentablemente, que esa no era la salida - ¡Mierda!, ¿Es que que ya no recuerdas dónde está la salida Roberta? Piensa chica, piensa...- Se dijo a fin de zanjar de una vez la victoriosa huida. Pero, o el destino era caprichoso o muy jodido, puede que un poco de las dos, el caso es que aquel bicho, la había localizado y esta vez, se tomaba su tiempo para alcanzarla. 

El bicho, que seguía oliendo tan mal como al principio, se movía de manera torpe, parecía desorientado. Si era así,¿cómo había logrado llegar hasta ella y encontrarla, además de acorralarla? La cosa comenzó a hacer movimientos lentos y pausados, se enroscaba y erguía la cabeza cómo intentando ubicarse. ¿Sería posible que no viera y que se estuviera guiando por el olor?- Se preguntó Berta.
No cabía duda que el animal, o lo que quiera que fuera, en realidad, no sabía dónde se hallaba la chica. Por lo que Roberta, optó por permanecer inmovil. Muy quieta, casi como un palo sin vida. Mientras, el animal, olisqueaba y seguía enroscandose, ¿Qué diablos era esa cosa? tal vez nunca lo sabria, tal vez acabara en el estómago de la bestia inmunda y nunca más podría trabajar, aunque pensandolo mejor, nadie querría trabajar sabiendo que hay más animalitos como estos, y menos aquí, apartados de la mano de Dios. 

Pronunció unas palabras ininteligibles que solo su mente pudo adivinar y cerró los ojos. Cómo si las palabras que hubiera dicho, la fueran a sanar, salvar o, ¿quién sabe? engullir de la faz de la tierra para siempre. 

No hubo final, pues la bestia, quedó ante ella con la boca entre abierta, mostrando unos dientes afiladisimos, dignos de ser estudiados, y ya de paso, de encontrar otro remedio para el fetido olor de su aliento. Fue entonces, cuando este, emitio un sonido aterrador que hizo eco en todo el edificio, y si no lo hizo, entonces, era que su sensibilidad auditiva había aumentado. 

Roberta, ya había abierto los ojos para contemplar el espectaculo auditivo. Ello le causó tal escalofrío, que tuvo la sensación de que se iba a desplomar en cualquier momento. En vez de eso, la espina dorsal fue recorrida por un escalofrío y acto seguido, una flojera la obligó a arrodillarse. Se sentía mareada. Poco importaba ya lo que pudiera ocurrir. 

De súbito, un sonido agudo se emitió desde los confines del almacén aislado. Eran más suaves, inquietos y lejanos. Al oir los ruidos, la bestia dió un giro y de un salto dió media vuelta. Pero no se movió de allí. Seguía intentando adivinar algo. Volvieron los quejidos melifluos y entonces en un halo de luz, aparecieron unos bichos más pequeños, iguales al grande. Fue entonces cuando Berta, lo entendió todo. 
Aquel bicho era hembra, y lo que intentaba, no era comerle, sino defender a sus crias y ella, tan inoportuna, hacía el turno de noche de las 3:00 p.m.

©️El Rincón de Keren

jueves, 3 de mayo de 2018

Relato:Un lugar al que acudir.

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Almería, Fotografía propia

La mañana transcurría serena, ávida de sentimientos, cercana por la calidez, tranquila porque las calles aún dormitaban y el paso firme, pero decidido. Si había un lugar que le transmitiera tanto con tan sólo observarlo, esta, era Almería.

No era el llegar al lugar, era cómo a su paso la luminosidad se abría camino y si después de tanto gris, de tanto blanco congelado y tanto frío sentido en cada extremo de su cuerpo un poco de azul, era un trocito de paraíso contenido. Contenido porque había llegado finales de Abril y eso en un buen ibérico, significaba ... Más lluvia.

Andante, decidida y un poco excitada por el clamor del buen tiempo, sus pasos le se dejaron encandilar, sus ojos observaban las flores, ¡qué bello espectáculo el de la primavera! Era como si un pintor hubiera estallado de felicidad, como si el buen gusto por los colores en cada pigmento los hubiera escogido intencionadamente, aquello era la verbena natural. Y si bien estaba disfrutando, también estaba maravillado.

La rambla es engañosa, pues puede parecer que hay mucho trayecto y lo cierto es que había tanto por lo que hacerle sonreír al corazón y la vista que el camino es un sorbo de agua. Sí, porque lo que mejor quita la sed, es el agua. No haciendo caso a su impulso por querer hacer fotografías a todo, llegó a una iglesia, esa iglesia fue testigo de paseos de un amor primerizo, del gentío del mercado, de la juventud en extasis, pero también de la chiquilla da acudiendo a excursiones, sin olvidar a los nuevos prometidos y novios, bautizos posteriores y comuniones... El alegre centro de la ciudad viviente, recopila escenas para recordar.

Esta vez, tuvo que hacer la fotografía. La arquitectura no era su fuerte pero quería ver otros monumentos y cerca de allí había otro. Ya tendría tiempo de verlo con calma. Acudió, serpenteando, curioseando y casi embelesado por el casco antiguo. ¿Qué ocurrió? Porqué las calles muestran un deterioro bello con evidentes motivos de no poder mostrarnos qué hubo mediante el habla? Prefería imaginar, soñar, recrear historias. No tan lejanas: "unos niños con la pelota en la calle, unos jóvenes ahora ya con más de cincuenta años en la cola de la barbería, unos sentados ojeando el periódico, otros comentando el día, las mozas con su falda de tubo y su rebeca, a la compra o a la iglesia.. "

Se quedo quieto observando con deleite. ¿No sería quitarle emoción al pensamiento? Una sonrisa se le dibujó.

Anduvo por calles estrechas, hasta llegar a una plaza allí halló la plaza de la constitución y tuvo que sentarse. Se llevó la mano al bolsillo y se dio cuenta que había olvidado la libreta. Las tecnologías no eran lo suyo. La añoro.

El bullicio era evidente, el ronroneo del despertar echaba a todos a las calles y fue el momento de darle otro trago al agua y subir la rambla. No pudo evitar pensar en las palmeras, tan exóticas, tan dadas al verano. Seguía caminando. Las bicicletas se habré paso al carril bici, otras hacen por dónde pillan y es que el buen tiempo saca las telarañas, el polvo y los pesares.

Y de entre todos los rincones hallados, este fue el idóneo para superar una vergüenza infundada, leer en la calle. Y eso hizo , pasó la mañana y parte del mediodía leyendo. Hasta que irremediablemente, las tripas, en su particular hablar, Le exigieron que debía comer.

©El Rincón de Keren