jueves, 20 de abril de 2017

¿Qué será?

¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


La mujer, tan llena de bondad y amor que con este apagaría bosques en llamas, acabaría la guerra en el mundo y en sus manos el cariño se haría presente y no quedaría en el balde. Abriría mares de ilusión, confeccionaría las mejores prendas, protegería al más débil y con su brazos aniquilaría la guerra erradicandola de por vida… tan fuertes son las manos de una mujer que a veces nos creemos que tan solo son fruto de algo que nos hace gozar, por el simple mero hecho de que luce bonita.


¿Será que el hombre es más brusco, más directo y con la certeza de que todo es de un blanco sutil, tan cuadrado que hasta que no llega ella no contempla las otras posibilidades? ¿Será que los dos encajan porque lo que lo que no tiene uno, lo tiene el otro? Donde hubo guerra, ella puso amor, y en símbolo de que ocurrió una margarita lo simboliza.


¿Será que él le da la simpleza de no complicarse la vida? ¿Será que juntos son más fuertes a pesar de que lo único que les diferencia no es más que el hecho de que uno es hombre y otra mujer? 

miércoles, 19 de abril de 2017

#DiNoAlBullyng

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Se podría decir que él solo quería que su presencia no fuera en vano, que su mirada fuera tomada, que sus palabras fueran también validas, tan validas como las de cualquier compañero. No obstante, la duda llegó a hacerle creer que él no valía para nada de eso. Su corazón danzaba el más alegre cuando dibujaba, escribía o cantaba. No era suficiente para ser feliz a los 16 años. Tenías que tener una cara de cine, un pelazo, no tener granitos y ser de lo más simpático y de lo más extrovertidos. Todo lo contrario a él. Entrado en carnes, con el pelo corto, con algunas espinillas,  y extremadamente tímido.

Quizás nunca podría ser el más abierto de su clase pero le consolaba la idea de que era buen estudiante, tenía las cosas claras con respecto a eso, pero un día la tomaron con él precisamente por sacar la mejor nota de la clase. Él se sentía orgulloso por no haber flaqueado ni un solo momento del curso pero los insultos de los compañeros hicieron que el último año de la secundaria, fuera horrible, aprobando por los pelos y a duras penas aprobar la ESO con un suficiente.



En casa él era el rey de su habitación y el ojito derecho de su madre. Su madre, algo protectora, intuyó su cambio incluso antes de que comenzara a sacar malas notas, pero el miedo que le causaron aquellas personas con las que compartía el aula le retraía , le cohibía , no se atrevía a decir nada porque sentía que sería un chivato y aquellos tipos, no perdonaban a los chivatos. Creía que así no se metería en más problemas, pero las burlas y los constantes abucheos habían causado en él, que se convirtiera en una persona introvertida, insegura, no comprendía que debía hacer frente a aquellos desalmados, que debía contar su historia a alguien que de verdad pudiera hacer algo con todo esto. Su medrera era intensa y evidente, muchas de las cosas que pasaron entre las aulas de aquel instituto nunca fueron contadas, nunca fueron escuchadas, sin la supervisión de un profesor, sin la idea de los padres y pronto formo parte de una gran pesadilla que marcaría su presente, como jamás algo le pudo recordar que no hizo bien en ocultar su dolor, tanto físico, como emocional.

 Él no es el culpable, es la víctima, y como víctima, debe ser ayudado. Contarlo no es solo ayudarse a sí mismo, sino a los que vienen detrás. No te engañes, el Bullying no es solo acoso en los colegios, también puede ocurrir en un trabajo y es igual de doloroso o peor que cuando uno tiene 16 años. No te engañes es bueno denunciar.


martes, 18 de abril de 2017

Lucas y Luna.


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Junto a ella, un ventanal al que se asoma con una taza de café. Con la esperanza de que sucediera algo comienza saboreando a pequeños sorbos esa sabrosa agua sucia que hacía prolongar toda su mañana, mientras contemplaba a los pájaros como hacían su recorrido, migrando hacia otro lugar más cálido. Muchos de ellos no sobrevivirían debido al extremo frío que congelaría sus pequeños y delicados cuerpos. Vislumbraba la idea de hacer ella lo mismo, aunque sin ánimo, sin acierto. Todos se habían acabado hiendo del pueblo. Entre todos los que se habían ido, la casa ya no estaba rodeada de calidez, largas conversaciones, ni risas. 

Lo que más echaba de menos era que se flotaba el amor familiar en su casa, pero ahora, la soledad era su compañera. La soledad y la quietud , el silencio y las horas muertas ante aquel ventanal que le mostraba el terraplén donde su hijo Lucas dio sus primeros pasos, donde jugó a la pelota , donde se sentaban todos junto a la hoguera y cenaban juntos ante la luna y las estrellas. Allí fue donde por primera vez se sentó en las escaleras para atarse las zapatillas. Donde correteaba de arriba abajo con luna, la perrita que habían adoptado con apenas unos meses y que tanto aullaba a la luna. Lucas y Luna habían sido inseparables toda su infancia en una etapa en la que los niños son algo madreros pero pronto crecen y comienzan hacer las cosas solos. 

Imagen extraída de Google 

Ella no puede olvidar como en el porche una tarde de limonada al sol le confesó el amor que sentía hacia una chica del pueblo, a los 13 años. 
No puede dejar de rumiar en si fue la buena madre que Lucas pudo esperar tener. Había sido madre soltera de su primer hijo, en un pueblo en el que todos sabían de todos y las habladurías eran muy frecuentes. Nunca se dejó vencer por los malos comentarios. Ella cogía aire e hinchaba su pecho, orgullosa de su hijo y pendiente de él, su único hijo por aquel entonces. 

Contempló la idea de salir al porche pero los recuerdos se le venían a la mente de manera trepidante. la ilusión de su nacimiento fue el más hermoso de su vida, su pasos, lo buen estudiante que fue, lo sociable que era… tan pronto como sentía ese orgullo por su nacimiento recordaba que todos se fueron precisamente por esos mismos recuerdos. Cuando con 17 años Lucas se mató en su moto de camino a casa, la familia estuvo muy hundida pero los había unido mucho más. Después de varios años sus hermanas, de su segundo matrimonio, decidieron que la casa estaba impregnadas de demasiados recuerdos de él, huyeron en busca de otro camino.

 Deseaba verle aparecer por aquella puerta, con su chupa y esa sonrisa pícara como la de su abuelo. Deseaba que las cuatro paredes cobraran vida y volvieran a relatar nuevos recuerdos juntos otra vez. <<Hoy va a ser >>, piensa para sus adentros.

 Con el café en mano desde bien temprano y el primer sollozo en años, aquello le hace recordar que a él, no le hubiera gustado verla así. Contempla la idea de marcharse y de dar por concluido el luto después de esos 9 años agoniosos. Llora sin consuelo. Quizás debería volver a la ciudad, construir una nueva vida en un piso de apenas 60 metros cuadrados y con el tiempo… quizás no se le haría tan duro. Pero ella… era reacia a irse, por que marcharse, para ella, sería la reafirmación de que se negaba a recordarle otros 9 años más, o toda una vida. Lo que estaba claro era que, nunca olvidaría ese trágico momento. 

lunes, 17 de abril de 2017

Escapada a mi interior.


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Paseando por la apartada Almería, encuentro a la campanilla rosa que me hace sentir que de nuevo volvió el buen tiempo, con un aire embriagador que me hace sentir que vale la pena sentir el sonido de mis pasos por estas tierras, sabiendo que los días serán pintados de cielos azules a partir de ahora.
Por el sendero que recorro para huir del ruido encuentro bancos, algo de vegetación y árboles, tantos como pueda una imaginarse. La gente asoma su cuerpo por la puerta dando la bienvenida al día que le espera recibiendo al sol, a la mañana y a las bandadas de pajaritos que deambulan por el aire como si formaran parte de esa estampa que ahora mis ojos contemplan.

Escojo un banco para sentir mi interior, mis emociones, mi silencio y me pregunto si todo esto que me pasa es solo cosa mía. El día es hermoso, me lo proporciona así, de esta manera para que lo pueda disfrutar y aprovechar como mejor lo invierta. ¿Por qué hacemos de los caminos asfaltados olvidos hacia otro ser humano? ¿Por qué hay odio? , ¿Por qué hay rencor?, estaré desenfocando mi vida de lo que realmente importa? Y tras escuchar mis pensamientos, me incorporo mientras las notas de mi mp3 siguen sonando, mientras alzo el camino hacia donde quiera que me lleven estas piernas. Quisiera caminar más rápido para llegar más lejos y no cansarme, pero caigo en la cuenta que entonces mis ojos no mirarían hacia el alrededor sino hacia el suelo. Detengo mi paso y miro una vez más el cielo y esas hermosas flores. << Hay una calma dentro de nosotros>> me digo a mi misma.
Sostengo el aparato reproductor mp3 y paso la pista. Algo lento, hará mis pasos más firmes y el sabor de este camino, lo disfrutaré un poco mejor.

Los niños salen a los espacios abiertos en los que les permite jugar a la pelota. Más de algún padre se ha llevado a la chiquillada por la calma de estar apartado en esta parte de Almería con las bicis que supongo en reyes les regalaron. Adoro los momentos familiares como esos. ¿Cuándo dejaron de gustarme? ¿Cuándo pasaron a ser una obligación y por cortesía?

 Alejo la mente de todo aquello y cogí algo de velocidad para intentar cansar mi ansiedad de aquel momento y consiguiéndolo, aminoro el ritmo sintiendo mis piernas palpitantes pidiendo algo más relajado.

Encuentro unas escaleras y las uso como mirador en el que ocultar mis pensamientos, ya que se encuentran unas vistas increíbles de montañas y casas adosadas. El pensamiento calla y los ojos observan, solo sopla el viento y entonces la calma vuelve a mí y me siento pletórica. El pulso baja, los músculos cogen temperatura y el corazón se siente vivo.

¿Hace falta más para poder huir del ajetreo de la ciudad?

viernes, 14 de abril de 2017

Torpe de mí.

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Mi mente intentaba recordar, pero aquel día no estaba conmigo, aquel dolor insoportable me dominaba haciendo correr aquellos indeseables sudores escalofriantes que no conseguía que cesaran. 
Ya en mi habitación, harta de darle tantas vueltas a la cabeza, recogí el habitáculo, ordené los lápices de la mesa, ahora bien colocados en el lapicero, las hojas que asomaban por debajo de la mesa, las recogí pero se me desparramaron contra el suelo y las coloque bien a un lado de la mesa. El ordenador portátil en el centro y los libros y los apuntes, a cada lado de la mesa. 

Me dispuse a bajar las escaleras de la casa con la intención de hacer algo pero otra vez quedé inmóvil ante la puerta de la cocina sin saber escapar de aquel estado de desorientación. 

¿Qué hago aquí? ¿Qué era lo que iba hacer? 

Subí las escaleras por inercia directa a la salita. El pánico se apoderó de mí, sentía como aquel sudor recorría todo mi cuerpo surcando en mi interior un dolor intenso en el estómago. Decidí darme una buena ducha refrescante con la intención de quitarme aquella camiseta húmeda por el empapado del sudor. Cuando Salí de la ducha estaba como nueva sin sudores y además olía bien. 

Sonó el teléfono. Intenté accionar el botón de recibir llamada pero creo que no le di bien por que  sonó una voz a lo lejos mientras yo repetía una y otra vez: “¡¿diga?! “ ¡¿Dígame?!” pero aquella voz no podía oírme, así que colgué con la esperanza que volviera a llamar.

Como si no fuera suficiente, seguí limpiando empapándome de nuevo. Algo torpe, eso sí, y con la camiseta vieja que llevaba por el vaivén del sube y baja. Cuando por fin me di por satisfecha, me tire en el sofá en plancha hasta recordar que tenía que hacer la cena. 

Baje, saque unas cuantas patatas, las corté para hacer patatas fritas, cogí un huevo y lo freí. Y cuando cogí cuatro huevos, aceite y sal para hacer la mayonesa y no me salió… entonces lo comprendí y un mal estar de ovarios se apoderó de mi cuerpo. 

¿Sabéis qué era?