viernes, 15 de diciembre de 2017

Una casualidad sin final.


¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!


Los días no parecían tener sentido, su jefe ya le había encargado ir a tres empresas corporativas a las que dar una charla para una nueva cooperación. Charla que debía ser bien comunicada. Por ahora no se hacían envíos internacionales, pasar las notas ya habituales para los encargos y posibles detalles que parecía que era lo único en lo que, por casualidad, nadie fallaba. Ello tenía la explicación de que se les había mencionado tajantemente que se debía obsequiar al comprador por un limite de compras establecidas. Aquello también fue difundido a través de charlas simultaneas que como una telaraña se propagaba.

Había citas concertadas los nuevos cooperantes a lo largo de los próximos seis meses si aquello no era trabajo, que bajara Dios, y los fulminara.
Si todo aquel embrollo no acababa en una buena dicha, las navidades serían los números negros de un inmenso regalo que se prolongaría, al menos tres años. ¿Y a quien le tocaría receptar cooperantes? Sin duda, a ella.

La mañana se dividía entre sesiones de cuatro horas al mas puro estilo informativo y como buena captadora también formativo. El descafeinado se convirtió en cafeinado y ya entrados en la nueva odisea de las nuevas contrataciones se añadía el ya habitual estrés, los innumerables correos de largas hojas en Excel con todo lo que representaría, supuestamente, todo lo de los próximos tres años. Había que ser precavido pero esta nueva situación no hacia más que quitarle horas de sueño y aunque algunos pensaran que ser socia de la empresa con aspiración a un nuevo mando directivo le hacia no pretender querer días de descanso por aquello de estar soltera, lo cierto es que le apetecía un descanso.

Imagen retocada Google

Las calles de Madrid o las de Barcelona si en algo se parecían es que estaban repletas de gente, las compras y descuentos estaban a la vista y eso, la gente lo sabía. Caminando por las calles de Madrid y con el periódico bajo el brazo, el café para llevar conseguía con creces mantenerse caliente en ese corto trayecto. Con la mirada puesta en los escaparates su gran idea llegó de sopetón. Por lo que envió un correo a su coordinador y reunió a los más de veinte empleados que estaban a su cargo para exponerles la idea que llegó a su mente. No es que fuera algo novedoso, pero si que podría ser funcional y ahorraría tiempo en correos innecesarios.
La idea era instalarse en Barcelona, para intentar dirigir desde allí a las nuevas oficinas, informar y formar, para un mejor funcionamiento de un proyecto en el que Barcelona les era un punto potencial.
Se sometió a votación. Se sopesaron todos los posibles contratiempos, pero se llegó a la conclusión de que era la mejor solución.
Parecía que sería más trabajo, pero las tareas más rutinarias estaban casi hechas y lo único obligatorio, debido a su bien atada agenda, era la contratación que no corría de su cuenta. Esa era la idea. Podría descansar y hablar directamente con los cooperantes sin necesidad de mandar a otra persona, además de tomarle menos horas en el despacho o en alguna reunión por Skype.

Tomó un avión y en dos horas estuvo instalada y al día de todo lo que ocurría en la nueva sede.
Sus tardes las pasaba por un pueblecito al que se retiraba para desconectar de la ajetreada vida. Algunos la observaban como la pija que venía a dar de comer a los patos debido a la frecuencia con la que solía pasearse por allí y fue esa frecuencia la que le hacia toparse con un hombre que vivía en una casita de piedra, puerta de madera, con las repisas de las ventanas ataviadas con generosas flores cual más llamativa y rara que había visto en toda su vida.
Para ver la estampa solo tenía que bajar el camino de tierra que se perdía entre un bosque, poco frondoso, por el que a su derecha cruzaba un río y que además había un puente adoquinado que recordaba al de los cuentos como Caperucita Roja o Hansel y Gretel.

Habían establecido las miradas mientras ella desde el puente le veía cortar madera con el hacha. ¿A caso estaban en la edad de piedra? Con lo fácil que es comprar madera cortada y la tenia que desmenuzar el mismo… Lo cierto es que estaban a más de dos horas de la capital y encontrar una tienda era casi imposible.
Ella le miraba desde el puente. En cada tanda apilada de madera, el hombre lo llevaba a un aparto lugar que no lograba ver desde su posición todas las tardes a la misma hora. Ella se recreaba observándolo e imaginando, pero aquello pasó a ser casi como espiar. Por lo que aunque ella quería seguir averiguando cosas de él llegó a la conclusión de que lo que hacía, sin a haber mediado únicamente un “hola” o un “Buenas tardes”, estaba mal.

Decidió volver aquella tarde directamente al hotel y allí después de repasar algunos documentos, aprovechar para dormir una siesta, que falta le hacía.

El despertador sonó con la etiqueta informativa de: “Reunión a las 22:00H”. Cogió todo lo necesario y lo depositó en su bolsa. Acto seguido, se duchó, se acicaló y después de darle un ultimo vistazo a lo que debían revisar esa noche en el móvil, salió en dirección a la puerta que daba al pasillo del hotel, no sin antes coger la tarjeta identificadora de la habitación. Con un simple clic cerró la puerta. Volvió a revisar que lo llevaba todo e introdujo la tarjeta en el bolsillo del bolso al mismo tiempo que se acercaba al ascensor a tan solo unos metros, pero iba tan ensimismada en la reunión que topó como con alguien sin querer. Al enfocar la mirada en su cara y hacer un escaneo rápido de a quien había empujado vio a un hombre con camisa a cuadros, roja y negra, algo musculoso y con buen porte. Ella se disculpó después de ese rápido reconocimiento, sin embargo, algo le decía que ese hombre y ella, ya se habían visto en otra ocasión  pensó que debía concentrarse en la reunión mientras los dos accedían al interior del ascensor:

-         - ¿Nos conocemos? - dijo él inspeccionándola de arriba abajo.

 Ella lo miró de reojo mientras trataba de concentrarse y accionar al mismo tiempo el botón de la primera planta.

-          -Yo creo que no nos conocemos, pero … - volvió echar un ultimo vistazo tratando de hacer memoria – No creo. Lo siento, debe de haberme confundido con otra persona.

-         - Quizás … sea la ocasión perfecta para conocernos – se asoma una sonrisa entre dientes y ella aparta la mirada y la fija en las puertas del ascensor.

-          -Venga, será divertido… -Añade- ya sabe, por eso de la navidad y el espíritu…

-          -Perdone, soy una mujer muy ocupada.

-         - ¿A sí? Déjeme adivinar… ¿Una reunión?

-        -  Sí, ¿Cómo lo ha sabido?

-        -El… espíritu navideño – dice con una sonrisa amplia y perfecta. Ella sonríe- Perdón, no me he presentado. Mi nombre es Alberto, vivo a unas horas de la capital y he venido a ver a mi hermano que ha venido de visita a la ciudad. Se ha negado a quedarse en mi casa. Ya ves, ¿qué tienen de malo mi casa o los pueblos? -Sonríe, pero ella acaba de darse cuenta que este hombre tal vez sea el hombre al que solía saludar todas estas semanas solo que él, ni tan siquiera se había dado cuenta de quién era ella. Trató de averiguar más. Aquello tenía que ser una mera coincidencia.

-          -Yo soy Isabel, mi empresa fundara una nueva sede aquí en Barcelona… y me he alojado aquí … para estar al tanto de todo. Disculpe… ¿de qué pueblo decía que venía?

-      - ¡Ah! ¡Que torpe! Sí, de Caldes de Mont bui, pero pronto me iré de allí- Su expresión cambia, pero de nuevo emplea otra sonrisa. Esta vez forzada. Ella se da cuenta de que es el mismo pueblo al que había estado acudiendo todos estos días. Quería salir de allí como fuere - En serio, deberías quedar conmigo. Como amigos. No quiero nada raro.
-           
-        -  Lo siento, tengo una reunión y no sé a qué hora acabaré. - dice entrecortada

-          -Bueno al menos dame tu número ¿No?

-        -  ¿Se ha creído usted que voy dando mi número al tun tun o al primero que pasa? – Enfureció.

-        -  Hombre no, pero deduzco que le hace falta pasar un buen rato. Quiero decir, una buena conversación, un vino…

-        -  Buenas noches Alberto.

Sale del ascensor indignada en dirección al mostrador para dejar la tarjeta e ir a la sala de reuniones que el hotel había dispuesto para la empresa y al girarse, ve a Alberto desaparecer por la puerta principal del hotel.

El destino había querido ser dichoso con ella y le había traído como regalo a un hombre. Un hombre que, a su parecer, parecía otra cosa desde el puente en el que lo vio semanas atrás. Pudo ser una casualidad o no. Pero una cosa tenía clara a veces las personas no son lo que parecen ni de lejos.



 ©El Rincón de Keren


miércoles, 13 de diciembre de 2017

La Elección


¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

©ElRincóndeKeren

Atravesó el largo pasillo. Se acercó al gran pomo que la puerta albergaba con siluetas esculpidas en ella. Se vio ante la inmensa puerta dispuesta a girar el artilugio con todo el miedo que en ella emergía, incluido el nerviosismo que hacia que sus manos temblorosas desearan con algo de anhelo, la calma. Respiró hondo, exhaló y tras un par de parpadeos, abrió la puerta.

Una luz cegadora iluminó su rostro obligándola a alzar la palma de la mano y usarla como visera para lograr ver algo. Poco a poco la luz se fue atenuando, los objetos tomando forma y la razón comenzando a dar sentido a lo que estaba viendo, pero ni por asomo podría ser algo de este mundo. Un bosque en el que se dejaba entrever un camino adoquinado por una luz lejana como protagonista la atraían como que no quería la cosa hacia un lugar donde se había señalizado con la palabra <<Elección>> mientras levitaba sin poder resistirse a ello.Su mente intentó pronunciar un leve pensamiento, pero esta se negaba. Lo que el cuerpo le pedía en ese momento era asentar tal cumulo de sosiego, mezclado con una pizca de euforia. Sigue levitando mientras socava donde está pero no le da tiempo pues una fuerte presión la deja caer y como no logra controlar el impulso cae de costado contra ese suelo adoquinado que contrae una luminiscencia que la deja sin fuerzas. Parecen pasar varias horas hasta que logra orientarse de nuevo.

Frente a ella hay en cambio tres caminos en los que rezan, revoloteando, unos carteles: “Humildad”, “Ego” y “Reconocimiento”. Ningunas están asignadas a un camino en concreto. Ante aquel desafío en el que la mente intentaba recobrar la cordura a todo lo ocurrido, simplemente eligió uno.
Eligió el del centro. Sin razón aparente. No debía ser comprensible pues en aquel momento lo único que se le antojaba era poder encontrarle sentido a lo que ocurría.



Anduvo por caminos llanos durante horas, pero cuando aquello parecía ser el fin de un largo recorrido se encontró con un terreno rocoso en el que hubiera deseado llevar un mejor equipamiento para sus pies en vez de unas simples zapatillas de deporte. Como podía, atravesaba el lugar. A veces tenia que trepar para conseguir pasar, otras, debía penetrarlo de lado y cuando podía volver a trepar, comprendió que esto quizás era un castigo, pero ¿Por qué? 

Estaba cansada y había caminado mucho, pero el abrupto camino se había convertido ahora en una interminable subida que desde donde se encontraba no lograba ver, por más que quisiera, el final. Fue entonces cuando pensó que, en algún momento, debería bajar.
En efecto, tras varias largas horas maltratada por ese sol de semblante marciano, con la piel castigada, la ropa desquebrajada y con una fatiga que la obligaba a tomar largas bocanadas de aire para conseguir adquirir la respiración normal en ella, al fin llegó a la ansiada bajada. Bajó casi sin poder creerse que después de aquel sobre esfuerzo en aquel extraño mundo le diera tregua. Sin embargo, no  pudo controlar una sacudida más seguida de un estruendo que la alzó por aquel cielo rojizo que se tornó, mediante el viento violento y las nubes, de una paleta multicolor. El cielo cambió varias veces, hasta que finalmente la sacudida la dejó inconsciente.

Todo está negro. Puede sentir como aun tiene los ojos cerrados. Puede sentir como su corazón está descontrolado. Se oye un chapoteo. Debe de estar lloviendo allá dónde se encuentre ahora. Algo que se asemeja a un teléfono antiguo suena, pero aún está demasiado débil, <<¡ Vamos, inténtalo!>> Se dice. Con torpeza se lleva una mano a la cabeza y lentamente abre un ojo hasta que el estruendo la obliga a abrir completamente los ojos y se encuentra encorvada encima de la mesa de trabajo: Las facturas, la lista de la compra, una nota en la que logra leer: “Su hijo debe llevar…”, apuntes del trabajo, el café derramado, la cena de ayer en una mesita y el impertinente rugir del aparato que sigue con insistencia su cantar que al lograr ubicarse e ir en su busca, este cesa.  
De nuevo vuelve a sonar el teléfono y con algo de desatino logra comprender que es su jefe invitándola a que presente su atrayente proyecto. Un proyecto, en el que llevaba embarcada hace más de un año que implicaba trabajar en lo que ella siempre había querido. Ello implicaba poder pagar las facturas a tiempo, poder pagar los indispensables para su hijo y sobre todo, el duro trabajo de años de indecisiones, trabas, esfuerzo, noches en vela y malas decisiones que hicieron que el sueño que acababa de tener probablemente tuviera algo de sentido.



©El Rincón de Keren

sábado, 9 de diciembre de 2017

Reseña: Sobre Mariposas en Leche Condensada. Autor: Diego Esteban Caro

¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!



En un mundo dónde cada vez prevalece más lo bonito y menos los problemas, 
Diego Esteban Caro nos muestra el amor y sus facetas. 



Debería hacer la entrada estructurada en las partes que ya conocéis pero esta vez para no despellejar el libro les haré una breve información a cerca de el y mi opinión para que no sea tan larga. 


Reseña:

Stiven es un hombre enamorado, nadie diría que detrás de esa coraza en la que el amor todo lo puede, todo lo debe y amar, es sentir, se oculta un hombre que quizás le ha dado más valor a lo que uno siente que a lo que conlleva una relación. 

Stiven y el Doc, ( escritor y psiquiatra), se conocen en un incidente, que dará comienzo a muchas visitas psiquiátricas en la que se dejará entender lo mucho que ama a su amada, "La innombrable", pero que junto a los pacientes, harán de una lectura, algo divertida al mismo tiempo que conoceremos la parte más odiosa, lamentable y verdaderas situaciones en el amor. El Doc, le hace una propuesta en ese incidente, que lea su libro para entender mejor lo que es el amor, ¿Por qué? eso lo dejo para los más curiosos. 

Opinión:

Este libro que leí en PDF y que no te lleva apenas unas horas en leerlo, me llamó la atención por el titulo. 

Diego Esteban Caro, es un Colombiano que descubrió el gusto por la lectura en estudios superiores y que con Sobre mariposas en leche condensada, nos inserta en una novela que nada tiene que ver con el convencimiento, en libros de auto ayuda para enamorados, pues desde el dialogo escrito y la historia, se entiende claro y simple lo que a veces se nos queda clavado. 

No quisiera catalogarlo como un libro de auto ayuda si no como uno en el que puedes aprender. Aprender a ser mejor pareja en base a como eres con él o ella. 

Como iba diciendo este libro y su curioso título, nada tiene que ver con algo que le de sentido a la lectura pero si atravesaremos buenos sentimientos y alguna risa. 

De este libro saco, que no estamos todos en lo cierto en el amor. Uno puede sentir mariposas, estar ciegamente enamorado, recitar poemas pero sin embargo, puedes no estar haciéndolo bien como pareja. ¿Por no hablar? no sé, a veces presuponemos que la otra persona nos comprende a la perfección pero... ¿Y si no es así?



Nota: 6,5
Autor: Diego Esteban Caro 
Título: Sobre Mariposas en leche condensada 
Año de publicación: Nov. 2017 
Se puede adquirir en Amazon (Versión Kindle gratis) 
Núm. Páginas: 153 páginas



©El Rincón de Keren





jueves, 7 de diciembre de 2017

Regocijo de Amor (final)


¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!

Imagen extraída Google

Dulces aquellos ojos tan inocentes en la intromisión , tan ansiosos por lo nuevo. Deberían ser de los más exigentes, jamás encontrados y sin embargo, son apaciguables, con sus ojos etéreos me quedé boquiabierta . Emanaba sensibilidad y entre pestañeo y pestañeo los pensamientos van concordando con el corazón. Él y yo. 

Debería sentirme interrogada pero seguían atentando a mis extremidades ¿Qué quieren sus ojos? nunca lo supe pero, sus luceros imitaban mis movimientos y las pupilas se expandían cuando había cercanía. Aún no era suya y sus estrellitas chivatas ya estaban haciendo de las suyas:

Cuando algo le hacía gracia, adoptaban forma achinada, estos parecían esconderse tras un manto lloroso; Cuando algo le sorprendía conseguía ver el verdadero color de su esencia, con su semblante oscurecido, marrón, tan otoñal, tan acogedor, tan armonioso... Era como volver a casa...

Tenían la mala costumbre de iluminarse cuando su mano alcanzaba la mía y no observaba si no que en realidad... 

Me estaban ELIGIENDO. 




©El Rincón de Keren

viernes, 1 de diciembre de 2017

Regocijo de Amor ( I )


¡HOLA, mis seguidores, lectores habituales y nuevos lectores!



Imagen extraída Pinterest (retocada)

Mis manos temblorosas se arrecian con las asperezas que por más que lo intento, no puedo contener. El temblor es deliberado. Son tus ojos observadores de mi inquietud, los que logran hacer que no me haga preguntas, porque a mis preguntas un silencio quiebra tu voz y con un abrazo silencias mis aullidos en mi interior. Entonces es todo calma, el temblor ha cesado y solo oigo tu latido que quiere abrazarme, enzarzarse, arremolinarse, con el quejido de mi vibrar por superfluos acontecimientos. Superfluos por que carecen con el color de tu voz. Denota calma, tranquilidad, emanas paz… Me dejo llevar por tus arrolladores brazos ahora amansando mi llanto escandaloso. Aun ruedan lágrimas en mis mejillas, pero el amor es así de caprichoso y ruedan ahora suaves, al contacto de mis labios con los tuyos, me amas…Nos amamos...

 Estamos juntos, pero no soy consciente del poder que a veces ejerces en mí. Una rápida amnesia de aquello que hizo mares de sal en mi rostro es substituido por una mesa pequeña, un manjar, y esas copas que anuncian una noche en la que el frío nos hará encontrarnos, acogernos, abrazarnos de nuevo para prestarnos amor de media noche. No pienso, siento…Mi copa grita un ¡Alegría!


Que noche tan rara. Ha habido mares y debería estar triste, pero en cambio siento la paz y quietud por estar en gloria contigo.No hay ruido excepto el de nuestros corazones palpitando. El torbellino de sensaciones que aflora en mi es evidencia clara del paso de los años que no ha arremetido. Si un día me preguntaran que es el júbilo, diría que el sentir de tus extremidades con las mías, tus besos marcando mi frente, tu sonrojo y tu mirada enternecida y amable. Pero la sonrisa en tu rostro es como ver un espejismo deseosa de verlo más a menudo.Siempre es como la primera vez.

 Quizás he llegado hasta aquí pletórica con la verdadera felicidad, o tal vez no, sin embargo, aplaca cualquier pleito o riña. ¿Quién quiere estar triste? ¿Quién quiere estar enfurecido? Desde luego, yo no.



©El Rincón de Keren